lunes, 3 de noviembre de 2014

Reseña: 9 songs

Antes de proporcionar la reseña de la siguiente película no apta para público exageradamente cuadrado, quiero disculparme con mis 62 seguidores y demás personalidades que ojean mi blog. ¿Perdida yo? Jodidamente sí, y hablaré del tema en el próximo post; pero para no perder la escencia de mi espacio personal quiero dar inicio con la joyita de film que me encontré...


Amates de la música e historias de amor eróticas, esta película es exclusiva para ustedes (así como para mí). 9 songs es dirigida por Michael Winterbottom, en el 2004.


Sin guión alguno, completa improvisación; 9 songs trata la historia de una pareja como tantas otras: Matt y Lisa.


Matt recuerda la relación que sostuvo por un tiempo con Lisa. Acostumbraban a ir a conciertos y tener sexo desenfrenado. Su relación, como cualquier otra, llena de altos y bajos; pero con un componente presente en la vida de todos: la música. 



La película desde mi punto de vista es bastante apetecible, no esperen encontrar una obra magnífica y resplandeciente de arte; pero para mí, si que es una obra. La cinematografía es bastante simplista, no quitándole lo brillante.


Lejos de ella por favor, falsos pudorosos, que para mí el sexo y el amor no es lo mismo; pero vamos, no hay como el sexo y el amor juntos. Disfrútenla, que no es pornográfica, es solo... lo que ya dije varias veces: amor, sexo y música: realidad. Para finalizar la introducción dejo la lista de canciones que encontrarás en esta película:
















Sin más me despido queridos lectores. Publicaba la Caja de la Perversidad, pero tal vez deje de hacerlo porque creo que es mejor leerla de recorrido para entenderla y disfrutarla; no tiene nada que ver con la reseña, pero en mi novela también encontrarás sexo y romance. Abrazos y besos calurosos.

miércoles, 27 de agosto de 2014

La Caja de la Perversidad III parte 4

He aquí la parte cuarto del capítulo tres de La Caja de la Perversidad....

Recordando: Ocho años atrás Sebastián terminó su relación con Macarena. Nos falta poco para llegar al día 14 de febrero, en el cual fue atacado por una vieja y casi muere al atropellarlo un caminón. Bueno, en fin, es una historia enmarañada llena de misterios, se debe leer desde el principio para atar cabos. Un saludo y gracias por leer. Un abrazo.

Capítulo III parte 4

Despertó a las dos de la tarde. No fue su celular la causa, fue el fuerte golpe en su puerta.
—¡¡Sebastián!! ¡¿Qué te sucede?! ¡¡Acaso piensas quedarte de haragán todo el día!! —escuchó la voz de su padre desde el otro lado de la puerta.
—¿Qué hora es? —preguntó Sebastián mientras abría los ojos.
—¡¡Son las dos de la tarde!! Tu madre está preocupada Sebastián, haz el favor de vestirte y bajar a comer.

Poco le importaron las órdenes de su padre. De forma instintiva vio hacia su teléfono móvil. Desplegó la pantalla hacia arriba. Ninguna llamada perdida. Era un imbécil. ¿En qué cabeza cabe que ella le llamaría, después de ser él el causante de la ruptura de su relación? No lo dudó dos segundos en esta ocasión, le llamó. Después de cinco tonos y la respuesta del correo de voz, volvió a intentarlo seis veces más, en ninguna obtuvo éxito.

Todo este tiempo había frenado sus instintos por llamarla, protegiéndose bajo la creencia que ella le contestaría cuando lo hiciese. Un temor invadió su ser. La ola de sensaciones negativas en su cerebro eran inaguantables. No quedaría de brazos cruzados: la buscaría.

Desesperado se colocó de pie, con unos tenis blancos cubrió sus pies. Su vestimenta, que reflejaba su estado interno, era un desastre entero. Guardó su teléfono móvil en el bolsillo derecho de su pantalón, se colocó sus gafas. Sin peinarse o cepillarse, como si de un vago se tratase, salió de su habitación.

Su padre le esperaba en el pasillo, entrecruzado los brazos y la ceja derecha arqueada, de más decir, lo molesto que con el joven se hallaba. Sebastián, sin siquiera verle, pasó de largo.
—¡¡Jovencito!! ¡¿Qué te crees?! ¡¿Qué demonios te sucede?!

La educación es una cualidad fácil de aprender, la represión infantil que determina las parámetros de las buenas conductas son tan necesarias como obligatorias; sin embargo, existen ocasiones en las que no se puede respetarlas, más cuando el instinto llama. Poco le importaba su padre o su madre, la ansiedad le asfixiaba.

Salió de su casa. Subió a su automóvil estacionado cerca de la entrada de su hogar. En una milésima de segundo encendió el vehículo, dio una vuelta de 90 grados y desapareció a toda velocidad. Ximena salió de la casa, su rostro pálido y con lágrimas corriendo sobre sus mejillas denotaban angustia.
—¡Sebastián! ¡¡Sebastián!!

Mientras manejaba, Sebastián lloraba. Pasaba algún alto sin precaución, bocinaba a cualquiera y maltrataba en voz alta. Quería volar, que su vehículo en un avión se transformara. Exponía su vida al peligro, pero sentía morir si no lo hacía.

Arribó a una calle estrecha. Estacionó su vehículo frente una casa pequeña color salmón. Al lado contrario, un edificio menta, construido con cemento, de siete niveles y varios ventanales; delataba su calidad de propiedad horizontal. Apartamentos. Sebastián clavó sus ojos, de rojas escleróticas, sobre la construcción que debía albergar a varias personas con y sin relación sanguínea.

Giró su rostro. Observó la guantera en negra tonalidad. La abrió con su mano derecha de un golpe. Papeles, cigarrillos y un encendedor eran su contenido. Sus manos blancas temblaban. Tomó un cigarro, prendiéndole con el mechero poco después de introducirle en su boca.

Dejó el encendedor en el asiento del copiloto, extrajo de su bolsillo derecho el celular, colocándolo en el mismo sitio que el mechero. Volvió su mirada hacia el edificio. No se movió más que para degustar su cigarrillo. El sabor de tabaco, la primera vez que le sintió, le repugnó y dolor de cabeza le ocasionó; sin embargo ahora no tan solo le disfrutaba, también de tranquilidad le provenía.

Terminó el cigarro, ensuciando el tablero como si de un cenicero se tratase. Lo material le importaba poco, inclusive escasas personas le comprendiesen. Hay cosas de cosas, pero igual, son cosas. Tomó de nuevo se teléfono móvil, deslizó la pantalla, oprimió la tecla verde para llamar al último número marcado; el de Macarena. No obtuvo respuesta. Esperó dos horas en el interior del vehículo, en intervalos dispares volvía a tratar comunicarse.

Una nube negra que sobre el cielo transitaba estalló justo en el sitio donde Sebastián se hallaba. La fuete lluvia como una precipitación de olas cayó sobre la tierra y todo lo que le disfrazaba. El joven de rubia cabellera apretó los dientes, con una mueca demostró el disgusto que el cambio de clima le ocasionaba. Llamó diez veces más a Macarena.

La desesperación es la ilusión de un oasis en medio del desierto sin la posibilidad de alcanzarle; falta de agua, carencia de aire. Lanzó su celular al sillón del copiloto. La lluvia era fuerte, el granizo le engalanaba. Pero para él dejó de existir. Salió de su vehículo. Su cuerpo y ropas se mojaban de prisa. Cruzó la calle sin observar hacia los lados. Se detuvo frente la puerta café del edificio de menta.

La perilla iba ser girada por su mano derecha, pero alguien más lo hizo por él. Un joven con sobrepeso, negros cabellos, tez pecosa, pantalón de lona azul y playera con la palabra kisu; salió del edificio. Chocaron sin intención, pero al observarse, ambos sus cejas arquearon, párpados elevaron y bocas entreabrieron.
—¡Sebastián! —exclamó el joven de cabellos negros.
—Arnoldo —pronunció Sebastián el nombre del joven; se conocían.
—¿Qué haces aquí? —Arnoldo se protegía de la lluvia al hallarse en el marco de la puerta, una sombrilla roja en su mano derecha figuraba—. Qué planta la que te traes…
—Arnoldo, necesito ver a Macarena —dijo Sebastián sin prestarle atención a las palabras del joven pecoso.
—¿Me estás bromeando? —Arnoldo dio un paso atrás debido a la sorpresa que la afirmación de Sebastián le provocaba.
—Soy un idiota… un bastardo idiota de lo peor, escoria repulsiva sin ninguna finalidad en esta vida; solo un error más, uno feo —el desprecio hacia sí mismo era claro y certero.
—Te vas a enfermar Sebastián, no me importa mucho tu salud, pero no puedo obviar que fuimos amigos; si quieres platicar, vamos mejor por un café —propuso Arnoldo—. Además tus palabras me saben a trastorno depresivo o bipolar.
—Sí, este… No quiero extenderme mucho, ¿te parece si vamos a mi carro y conversamos en el interior? —Sebastián modificó la sugerencia, su mirada lucía triste, su piel blanca pálida.
—Como sea conocido, pero deja de luchar por verte más en la mierda.

Arnoldo, extendió el paraguas, intentó proponerle al joven rubio que se cubriera junto a él, pero el muchacho no le prestó atención en lo absoluto. Los jóvenes caminaron hacia el automóvil.  Abrió Sebastián sin problema el lado del piloto, llave no había colocado. El muchacho pecoso, sin dejar de cubrirse de la lluvia, se interno en el vehículo, al lado contrario del joven rubio, replegando la sombrilla antes de cerrar la puerta del copiloto.

Sebastián temblaba, estaba empapado. Arnoldo observaba al muchacho con desconcierto; sus ojos se empequeñecían cada vez más, alejaba su cuerpo como si el joven de iris verdes tuviese una enfermedad infecciosa y contagiosa por la más mínima cercanía, su ceño se hallaba fruncido.
—¿Qué carajos haces aquí Sebastián? —preguntó Arnoldo sin modificar su mirada y expresión de extrañeza—. ¿Qué te sucede? Luces como un espanto.
—Soy un idiota —Sebastián detonó en llanto, como frecuentaba en esos días—, soy un verdadero idiota.
—Sin duda…
—Me encuentro desesperado, como un loco en el peor de sus estados.
—Se nota…
—Necesito ver a Macarena, tienes que ayudarme por favor —calmó Sebastián sus inestables instintos, para dirigir una mirada seria hacia Arnoldo—. No la he visto desde el viernes, creí que asistiría a la universidad el lunes, pero…
—¿En serio? —preguntó Arnoldo con ironía—. ¿Qué esperabas?
—Sí, sé que soy un maldito imbécil, merezco que los demonios se coman mis órganos —Sebastián con expresión afligida observó hacia el timón.
—Lentamente…
—Lentamente, una tortura por la eternidad; pero este dolor no lo puedo aguantar más —afirmó Sebastián con fuerza—. No verla, no saber nada de ella; necesito de ti, de tu ayuda.
—No lo sé, amigo, diré, conocido.
—¿Cómo está Macarena? —preguntó Sebastián, volvió su mirada a Arnoldo—. ¿Se encuentra bien?
—La última vez que la vi fue el sábado. Lucía muy mal, no solo desconsolada, desesperanzada, también con mucha rabia; fue lo que más me preocupó, esa ira temible.
—¿Desconsolada? ¿desesperanzada? ¿rabia? ¿ira temible? Me termina de destrozar pensar que ella sufre de todas esas dañinas sensaciones ­—Sebastián se sintió aun peor, para nada Arnoldo le ayudaba.
—Sí, ¿qué esperabas? ¿canticos navideños?
—Necesito hablarle Arnoldo, he cometido muchos errores, quiero aclararlos, confesarle todo, pero, más que nada, decirle cuánto la amo —después de pronunciar aquellas palabras, Sebastián vio hacia el edificio de apartamentos.
—Como te digo, ni yo mismo la he visto —afirmó Arnoldo, Sebastián observó al pecoso joven—. Cualquiera te daría un golpe, pero al oírte y verte como la mierda, se te cree, das lastima. Creo sería más conveniente que yo le hablase primero y concretara una cita entre ustedes, ¿te parece?
—Prefiero entrar y buscarla… la ansiedad es una droga asquerosa e indetenible.
—No, créeme, no sería buena idea que entrases y la buscases, confía en mí; entiendo tu situación, pero debes procurar mantener un poco de cordura.
—No responde mis llamadas, solo deseo saber de ella y explicarle las cosas… —dijo Sebastián, suspiró—. Está bien Arnoldo, que así sea, confiaré en ti.
—Yo te llamo mañana sin falta, tranquilízate un poco; a ningún ex le gusta ver en la miseria a su ex.
—Sí, me es difícil disfrazarme, pero gracias, eso haré.

Se despidieron con un apretón de manos. Arnoldo no era cómplice de Sebastián, sin embargo, su ayuda le ofreció. El joven regresó a su casa. No trataría más comunicarse con Macarena; confiaría en el muchacho pecoso. Sus padres optaron por ignorarle, poco antes, un programa de televisión dedicado al amarillismo familiar, les había recomendado que obviar a un adolescente en problemas era la mejor solución a un comportamiento errático; claro, en este caso, eran un joven.

Quería que las horas pasaran de una forma tan veloz que no fuesen perceptibles, los minutos no existiesen, los segundos desaparecieren. No era posible. Si fuese así, se viviera tan solo unos años, en los agradables y dulces momentos que la realidad nos regala. Dormiría, su cuerpo descansará, la mitad de su ser procuraba mantenerse positivo, con la idea de volver a contemplar el rostro de la mujer amada.


Aquella noche soñó con Macarena, vestida de blanco, en un campo verde con hermosos girasoles, con un sol tibio y resplandeciente sobre sus cuerpos, le sonreía. El gesto de ella reflejaba tanto amor como ternura que se sentía perdonado. Deseaba alcanzarla, pero al intentarlo ella se alejaba más. Como un imposible de conseguir, como llegar volando a las nubes en el cielo. Él no se detendría. Jamás. Siempre se esforzaría por abrazarla una vez más. El rostro de la joven de tez morena empezó a desvanecerse, se empañaba, poco distinguible se convertía. La llamaba, pero ella cada segundo se desvanecía más, hasta dejar solo su vestido sobre la grama esmeralda.

miércoles, 20 de agosto de 2014

¡¡¡Premio mejores amigas de blogger!!!

¡Hola seguidores y lectores! Por primera vez escribo tantas entradas juntas (esas fueron las palabras que escribí antes de que mi computador colapsara y me quedaran sin él, una vez más, durante toda una semana), pero me siento emocionada y con muchas ganas de agradecer a Mayte (les invito a leer el diario de Meg), por nominarme al premio: mejores amigas de blogger. Aquí van las reglas...

- Seguir al blog que te nominó al premio
- Responder 5 preguntas
- Nominar 10 blogs
- Avisar a quienes hayas nominado
- Crear 5 preguntas

¿Cuál es tu color favorito y por qué?
El blanco, y no tengo ni idea del motivo (tal vez se halla refundida en el inconsciente)

¿Banda o artista favorito, por qué?
Spencer Krug, porque es genial, es un ser iluminado. Todas sus bandas le ha dado ese toque de original sin igual, ahora como Moonface, deja sin palabras. Es el talento musical hecho ser humano.

¿Experiencia que cambió tu vida?
Conocer el amor de un perro.

¿Un bonito recuerdo de la escuela?
Atrás del gimnasio, mis amigas y yo comiendo y riendo, aunque era cotidiano, a la vez, cada día, era único y ahora ya no es, pero siempre están en mi corazón.

¿Un amor platónico?
Antes de que mi computadora muriera ya había pensado uno, intentaré recordar... ¡Paul Banks! Ese era, Paul Banks.

Nominados
En el caso de los nominados, quedaré pendiente de algunos nombres, pero espero cada vez hacer más amistades bloggeras =)

El diario de Meg (te nomino de vuelta, ya que te considero en verdad una amiga en este medio)

Las cinco preguntas son:

¿Cuál es tu película favorita creada en el 2014?
¿Cuál es tu libro favorito publicado en el 2014?
¿Te has detenido bajo la lluvia y por qué?
¿Cuál es tu mayor cualidad?
¿Cuál es tu mayor interés?

Y sin más me despido, un abrazo y saludos a todos...

¡Gracias 54 seguidores! Llegue a los cincuenta, qué emoción. =).

viernes, 8 de agosto de 2014

¡¡¡Premio!!!

Hola lectores y seguidores, siento que hace un año no publico una entrada, pero estoy exagerando jajajaja. Quiero agradecerle un millón de veces a Noodle, (la pueden visitar en http://nokava.blogspot.com/) por nominarme a este premio, que se llama premio, XD. Comparto la imagen que Noodle creó para este galardón.


A continuación las reglas:

1.- Responder el cuestionario que realizará el blog que te nomina.
2.- Escribir 5 cosas acerca de ti.
3.- Formular cinco preguntas.
4.- Nominar a cinco blogs.

Las preguntas de Noodle...
I.- Si pudieras escoger un color de piel distinto a los existentes, ¿cuál sería?
Gris... Verde... Azul... ¡Multicolor sería genial!

II.-  Eres un inventor, describe la mayor de tus creaciones.
Un chip que desarrolle la inteligencia humana no utilizada para así las personas ignorantes aprendan a respetar a los seres vivos, sin importar si son humanos o no.

III.- Nombre de tu comida favorita.
Chocolate (¿alguien dijo chocolate? ¿dónde hay chocolate?)

IV.- ¿En qué planeta de la vía láctea te gustaría vivir?
En la vía láctea.

V.- Escribe una palabra con la primera letra del nombre de tu blog.
Novedoso.


Ahora bien, cinco cosas que contar de mí...

1. Tengo 16 perros, bueno, son de mi hermana y míos, pero al final yo pago por la comida de todos y adoro a cada uno de mis hijos... sí, son mis hijos, que ya soy madre.

2. Me gradue de psicóloga hace dos años ya y a penas estoy empezando a ocuparme en mi clínica, esto debido a que también tuve que graduarme de abogada para complacer a mis padres, fue una verdadera pesadilla, pero ya lo he sobrellevado, y le guste a quien le guste, soy lo que quiero ser y punto (psicóloga y escritora).

3. Soy una persona bastante tímida, desde los 7 años creaba historias en mi mente para escapar de la realidad que el colegio me proporcionaba, al ser solo de mujeres, algunas eran terribles conmigo, pero todo cambió a los 14 años, cuando conocí a la primera persona que puedo llamar amiga, Zaidita. A ella se unieron muchas más y ahora tengo un grupo de amigas que quiero demasiado.

4. Estoy "aprendiendo japonés", sí, así es, solo que de manera auto didacta, espero algún día cumplir mi sueño (leer los mangas que nunca van a licenciar o amablemente traducir un fansub). わからない. En realidad, empecé porque quiero jugar un otome llamado Chou no Doku Hana no Kusari, los hombres están bien guapos y la chica super linda.

5. Pero que cosa más buena... ¡Spencer Krug! Un artista de verdad, músico divino, tiene un talento inigualable. Mil veces recomendable, en estos momentos promociona su proyecto Moonface, no duden en darle una oportunidad.

Ahora bien, los blogs que nomino son...


Y las preguntas...

1. ¿Ciencia ficción o fantasía?
2. ¿Cuál es tu artista favorito (en cualquier rama del arte)?
3. ¿Cuál es tu animal predilecto?
4. ¿Tienes algún número de la suerte?
5. El título de lo primero que hayas leído y escrito, sea relato, poema, novela, manga lo que sea

Sin más me despido y espero actualizar más seguido... ¡Abrazos!

viernes, 18 de julio de 2014

La Caja de la Perversidad III parte 3

¡Hola lectores y seguidores! Y sigo con mi novela La caja de la perversidad. Exploramos los recuerdos de Sebastián antes de ser atacado por una extraña vieja un 14 de febrero, esto con la finalidad de desenmarañar el macro misterio que envuelve la relación de él y Macarena.


Capítulo III parte 3

El malestar en su interior se asimilaba a picaduras de hormigas acrecentadas a las miles. La borrachera en nada era comparadora. Había arribado a su casa en la madrugada; sus padres no notaron su llegada. El dolor de cabeza era punzante, pero lo era más el de su alma. Acurrucado sobre su cama se deslizaba entre lágrimas empañando sus anteojos, el corazón y la cabeza querían estallarle; su ser se hallaba desfragmentado. Actuaría como si nada relevante ocurriese al siguiente día, ningún ser humano debía notar el tormento que vivía.

Al iniciar la faena universitaria, en la jornada nocturna, el sol brilla con poca potencia debido a su veloz decaimiento. Sebastián no podía ocultar los estragos que el alcohol y las lágrimas en él habían dejado. Sin necesidad de acercarse al aula donde el aprendizaje era impartido, sus amigos le detuvieron.
—¡¡Sebastián!! ¡¡No puedes escapar!!

La voz de Roberto era granizo de fuego para los oído del rubio. En medio de una amplia área de cemento volteo hacia su izquierda, topándose con su cuarteto de amigos. Ellos de pie, ellas sentadas sobre una banca del mismo material que el piso, unos frente a otros lo observaban con una sonrisa y saludos corporales tanto como gestuales. Querían que se acercase, hablarle. Pero él sabía bien la verdadera intención: interrogarle.

Les sonrió. La incomodidad entre amigos es como un amargo sabor, que si de beber se deja, explota en el cerebro, debido al rechazo social producto de la impotencia de decir un no me agradas para dejar atrás las apariencias. Tal vez en algún momento fueron de su agrado, pero ahora le pesaban demasiado.

Con hipocresía como principal característica, Sebastián se acercó al grupo fingiendo una sonrisa. Sabía bien que no podía hacer nada respecto al desastre de apariencia física que cargaba, incluso, la misma ropa del día anterior lucía.
—Hola —dijo el rubio, saludó a las chicas con un beso en la mejilla y a los muchachos con un fuerte apretón de manos.
—Pero qué cara mi Sebas —dijo Ismael, quien al lado de Roberto, era separado de Sebastián por el joven de poco cabello.
—¡Sebas! —exclamó Rocío, se levantó de su asiento, entrelazando sus brazos con el izquierdo de Sebastián.
—Siempre tan cariñosa —intervino Ismael al observar la actitud de Rocío; Sebastián sintió como los puntos sensitivos de su cuerpo la rechazaban, pero el despreciarla le atemorizaba, de igual forma, eran solo amigos.
—Cállate, a Sebastián le gustan las chicas, pesado —molesta Rocío mencionó, abriendo su boca pequeña para mostrar la lengua.
—Pues eso ha quedado entre dudas, después de cómo reaccionó ante Alicia —el comentario de Ismael fue engorroso para Sebastián, quien bajó la mirada escondida detrás de sus anteojos cuadrados.
—¡Era de esperarse con tanta cerveza circulando en su estómago y venas! —dijo Roberto, rió después—. Pero no te preocupes Sebas, Alicia ha quedado más prendida contigo que el aceite al fuego, ¡eres grande Sebastián!

Roberto con una sonrisa dio leves palmadas a la espalda de Sebastián. El rubio sonrió forzadamente. La mirada de todos se hallaban clavadas en el ojos verdes; él no lo deseaba, pero sin duda lo consiguió buscándolo.
—Me pidió tu número y yo sé lo di, pero, como buen primo, le aconsejé que tú debías dar el primer paso, así que te daré el de ella para que enseguida le llames ¡ah, no esperes mucho! —alentaba Roberto, como si de un Cupido moderno fuese su personaje.
—Eh… —el cerebro de Sebastián se comprimía debido a la presión.
—¡Déjalo! ¿No has pensado en la posibilidad de Sebastián no encontrarse ya más impresionado por tu prima? A muchos hombres les pasa, es diferente admirar a una mujer a conocerla —opinó Rocío.
—Bueno, eso es cierto —dijo Ismael, tal parecía que por primera vez estaban de acuerdo.
—¿Es eso Sebastián? —preguntó Roberto, una expresión seria figuró en su rostro.
—Bueno… —entrecerró sus párpados, contempló sus tenis percudidos y luego el rostro de Azucena, quien en el transcurso de toda la plática no había pronunciado palabra, la joven le observaba con cierto desdén y desaprobación—. Lo siento Roberto, Alicia es una mujer muy bella, pero no es para mí —afirmó Sebastián, dirigió su mirada a Roberto.
—Oh… —Roberto se notó impresionado, retrocedió un poco; Rocío sonrió ampliamente—. ¿Una mujer bella no es para ti? No entiendo, además todo lo que hiciste por ella…
—No quiero hablar de eso —cortó Sebastián las palabras de Roberto. —Además, la belleza es algo demasiado subjetivo, aunque existe una general, no para todos la cúspide de su significado es el mismo.
—Tal vez fue solo por las cervezas desde un principio —intervino Ismael, colocándole su peculiar toque a la conversación.
—¿Qué quieres decir con eso Sebastián? ¿La cúspide del significado de la belleza? —preguntó Rocío, la mirada de Azucena cambio abriendo más sus párpados y entreabriendo los labios.
—¿Significa que buscas una modelo? ¿Se te ha subido lo de tu bonita cara a los sesos y desprecias a mi prima?... ¿o es acaso qué te gusta alguien más?
—Tomé mucho ayer, no me siento bien, regresaré a mi casa…
—Sebastián, pero hoy pasan examen…
—Adiós, disculpen.

Sin gesto o mayor explicación, Sebastián les dio la espalda. Tal vez hubiese llegado a su aula si no fuese porque le detuvieron, pero ahora eso no importaba, tomó camino hacia el parqueo para regresar a su automóvil café, su compañero más material e inseparable.

No vio atrás a pesar de las miradas críticas y dudosas de sus amigos. No entendían la actitud de Sebastián. A decir verdad, él tampoco la entendía.

Ingresó a su automóvil. Al cerrar la puerta del asiento del piloto y colocar sus manos sobre el sólido timón no pudo contener un río de lágrimas de sus ojos desprender. El dolor interno cada vez era más asfixiante. ¿Para qué quedarse y realizar un examen del cuál iba a obtener el mismo resultado a no hacerlo? ¿Por qué seguir escuchando a sus amigos y fingir interés en sus estúpidas palabras? No, nada de eso era importante, no podía seguir fingiendo.

Manejó velozmente hasta arribar a su casa. Al entrar cruzó la primera sala sin saludar a sus padres que cenando en el comedor se encontraban.
—Buenas noches hijo —Ximena saludó sin recibir respuesta alguna.
—Ese muchacho, pareciera que ha vuelto a la adolescencia —opinó José en el asiento de la cabecera, su lugar de siempre—; o tal vez está enamorado…
—No digas sandeces José.

La habitación de Sebastián se encontraba ubicada al fondo del pasillo. La recámara era grande y amplia, sin duda hijo único. La cama que le había acompañado desde los catorce años era de tamaño dos plazas, de lana como material. Dejó sus anteojos y celular sobre las sábanas anaranjadas que la cubrían. Sus ojos aún rojos habían parado de desatar lágrimas.

Caminó hacia la única otra puerta aparte de la de la entrada, ubicada al lado derecho de la cama. Tomó el pomo con su mano derecha, abriéndose paso hacia el cuarto de baño con azules azulejos. Una cortina separaba la regadera del retrete y el lavamanos.

Desplazó la cortina hacia su izquierda, tomándola con la mano del mismo lado. Descubrió la ducha que atrás de ella se encontraba, compuesta en su estructura por los mismos azulejos azules y un cabezal redondo con un sin número de perforaciones por las cuales el agua se expulsaba.

Movilizó una de ambas manillas ubicadas 90 centímetros abajo del cabezal de ducha. La presencia de agua fría no se hizo esperar. Como una fuerte llovizna aislada caía para desaparecer en el desagüe. Al ver el líquido transparente caer y escuchar el retumbante sonido, Sebastián sintió deseos enormes de morir. Nunca antes había experimentado una sensación tan melancólica. Últimamente siempre se encontraba triste, la apetencia de fallar era cada vez mayor.

Se internó en la ducha, dejando que el agua golpeara contra su cabello, recorriendo su cabeza y sus ropas. De alguna manera buscaba expresar a través de su cuerpo el desastre interno en que se hallaba. Empezó a llorar. Tendía a lamentarse bastante. Sollozaba a cada rato.

Con lentitud su cuerpo fue cayendo hasta sentarse sobre el piso de azulejo, mientras el agua fría no paraba de golpearlo. ¿Qué más daba todo? No entendía el significa de la vida, solo estaba convencido que el sufrimiento era una presencia constante.

Su mente rememoró palabras pronunciadas por su propia voz: "No, no, definitivamente no quiero seguir contigo, estar más cerca de ti no lo deseo". Recordó una voz femenina enseguida responderle: "No hagas esto Sebastián, tú lo eres todo para mí, mi día y mi noche, el único ser humano en quien confío, mi vida perderá todo sentido si cerca de ti ya no puedo estar, si hice algo mal, te suplico otra oportunidad". La respuesta en su mente fue aludida: "No te humilles, mírame como un error, olvídate de mí; ya no te amo, todo se ha acabado".

Los recuerdos no ayudaban a su interno malestar. Lloró más fuerte. Se rompió con gemidos. Con fuerza chocó el área posterior de su cabeza contra la pared recubierta de azulejos. Una y otra vez. Quería destrozarse, pero no lo conseguiría, en su vida, solo logró destruirse por dentro.

Dejó de golpear su cuerpo, de nada serviría. Las lágrimas se redujeron, la mirada perdida en algún punto en la pared de enfrente quedó. Era inaguantable el malestar, se sentía como una hoja de papel llevada por el viento sin poderse detener, sin nada por hacer.

En la madrugada, ya fuera de la regadera, vestía pijamas: un pantalón gris y una playera negra. Sentado sobre su cama, sin gafas, observó su teléfono móvil, desplegó la pantalla hacia arriba. En sus contactos buscó el nombre del narcótico exclusivo de su corazón. Macarena.

Cuánto extrañaba a Macarena. No lo podía expresarlo en palabras. No podía delimitarlo a un número. No podía olvidarla. Bajó la pantalla de su celular. No la llamaría. No podía hacerlo después de haber sido él quien destruyese su relación. ¿Le explicaría la verdad? Temía que lo odiase, o tal vez ya lo hacía, no lo sabía. La duda carcomía sus sentidos.

Desplegó la pantalla una vez más, en esta ocasión no buscó el número de Macarena, directamente lo marcó, de memoria lo sabía. Timbró tres veces. Colgó. ¿Cómo osaba llamarla? Se creía un sin vergüenza, aunque tal vez su acción provocaría que ella se comunicase con él. Quería hablar con ella, necesitaba escuchar esa voz tan femenina.


En pedazos recostó su cuerpo sobre la cama. Estaba tan casado, horribles y tormentosos días vivía. El sueño fue más grande que su voluntad, aún apretando el celular con su mano derecha cayó dormido. Si en algún momento el tono de su teléfono móvil se hacía presente lo oiría.

jueves, 26 de junio de 2014

Cola de pez

¡Hola seguidores y lectores! Le comparto mi relato Cola de pez, con este participé en el concurso abracadabrantes quedando entre las finalistas. Espero que les guste y comenten. Un abrazo y besos.

Cola de pez

Las formaciones de pensamiento en su mente eran divergentes. Una semana, un mes o un año, noción de la temporalidad vivida entre el dolor y el llanto no tenía. La intensidad con la que el calor abrasaba su corazón ardía, la sangre que por sus venas y arterias recorría transportaba el sufrimiento a cada minúsculo rincón de su cuerpo. Tolerar su existencia era una inmolación para sí mismo. Las palabras son como la arcilla mezclada con agua, tan flexibles que pueden tomar billones de formas deseadas por quien las pronuncia; causantes de ilusiones deshechas, ídolos botados y vidas cortadas, si se unen con la acción, un cataclismo interno desatan. Él padecía los efectos desorganizados del carácter abrupto de una conducta no esperada precedida de hirientes palabras.

Tendido sobre un largo sillón negro de cuero sintético, joven de cabellos rubios oscuros y barba de meses de antaño, cubría sus ojos con el área dorsal de su antebrazo derecho. Vestía un pantalón de algodón negro y una playera blanca percudida. La ausencia de luz en el interior de su apartamento no impedía la perceptibilidad del desorden del lugar. Libros en el suelo, lámpara de cerámica quebrada al igual que la respectiva bombilla, teléfono vapuleado hasta terminar hendido, mueble con tres cajones inclinado y cristales dispersos alrededor de un portafotos al revés; la sala era una oda al desastre y a la ruina.

Alejó su antebrazo de sus ojos, iris verdes, sus escleróticas tornadas de un color rosáceo delataban el inestable estado en el que su yo se hallaba. Suspiró, entrecortándose su respiración producto de lágrimas no deseadas imposibles de contener. No gemía pero lloraba. Suspiró una vez más en una búsqueda alcanzada por calmar las manifestaciones de dolor. Las lágrimas de sus ojos dejaron de brotar.

Tomó asiento sobre el sillón en que su cuerpo reposaba para proceder a colocarse de pie. Aunque todo su ser convergía en un estado de abatimiento total, no persistiría más en una posición de desfallecimiento, de igual forma, no moriría al continuar así, su dolor no acabaría; aunque debía admitir su disminución notable. Tan solo un par de días atrás sus deseos de morir habían sido amortiguados.

Caminó descalzo hacia el portafotos que sobre el piso se encontraba, lo tomó con su mano derecha, dándole vuelta para descubrir una fotografía aún en su interior depositada. Era él en días mejores, sin barba y con ropas diferentes a las pijamas que hoy lucía; una muchacha a su lado le abrazaba, cabellos castaños hasta los hombros, vestido blanco con grandes flores, hermosa y amplia sonrisa que opacaba incluso el cálido día en el cual había sido capturada la imagen. Con el dedo índice de su mano izquierda recorrió la figura de la mujer que un día lo acompañó pero ahora a su lado ya no estaba, había desaparecido sin dejar más rastro que un intenso dolor punzante. Su interior quiso quebrarse una vez más, sintió un nudo en su garganta formarse y las lágrimas querer presentarse como una fuerte ola que irrumpe sobre la tierra. Pero no lo hizo. No lloró.

Extrajo del destruido portafotos la fotografía, lanzando la herramienta para preservar retratos nuevamente al piso, este cayó entre la suciedad y los escombros de un lugar destruido. Sostuvo la imagen entre sus manos, las que temblaban debido a una sobredosis de adrenalina, su ser quería convulsionar por la ira y la aflicción.

"Quiero dejarlo, tú y yo estaremos mejor separados. Nunca estarás preparado para formalizar una relación y a mí me cuesta digerir tu personalidad. Más adelante me lo agradecerás". Recordó las palabras de tono dulce que escondían una lluvia de fuego, la cual había atravesado su corazón para quedarse durante todo aquel lapso ya olvidado. ¿Cuánto tiempo había transcurrido desde que le dejaron como si fuese una comida que pasa del favoritismo a la indigestión? Solo Dios sabía.

Despedazó la fotografía con furia mientras gemía en una entremezcla de sufrimiento y cólera, la partió en tantas partes como pudo en un intento por desaparecerla, mas solo consiguió volverla añicos. La dejó caer al suelo. Volteo hacia su espalda. Una mesa larga separa la sala de la cocina, sobre esta varias latas doradas contenedoras de alcohol se caracterizaban. Caminó hacia ella lentamente, esquivando el desastre que sobre el suelo yacía. Tomó una de las cervezas, abriéndola e ingiriendo el líquido etílico en menos de un segundo. Prosiguió con otra lata, realizando la misma exacta acción.

Vio hacia su derecha. Su mirada se suspendió sobre una puerta de madera color blanco con una manija plateada para poder ingresar. Dos días atrás sintió que su vida era un martirio humanamente imposible de seguir soportando; dos días atrás empezó a surgir una esperanza y razón para darle una oportunidad a su existencia, superar el abandono se convirtió en un suceso posible.

Dirigió su andar a la puerta blanca, tomó la manija con su mano derecha y bajándola empujó hacia dentro para abrirse paso al interior de aquella habitación. Tras la puerta blanca un cuarto de baño aguardaba. Lavamanos a su izquierda, retrete a su derecha, bañera de porcelana con forma de media luna en su centro. Pero el peculiar complemento era el fantástico ser que yacía dentro de la bañera. Una mujer, un pez.

La criatura de mitológico origen era palpable en el interior de su bañera, como una realidad encubierta con fantasía, la verdad brillaba en su cuarto de baño. Entre agua tibia mostraba de su cabeza al torso y parte de su extensa cola de pez. El híbrido ser era, en su parte humana, de tez pálida, cabellos ondulados de color castaño cobrizo que llegaban hasta su cintura la cual finalizaba su mitad femenina y ocultaban sus dos pechos redondos desnudos, labios carmesí y carnosos, iris dorados; su parte pez no era más que una cola ancha conformada por escamas en tonalidad menta tornasol la que finalizaba con una bifurcación de aletas.

La mujer mitad pez volteo a ver al joven del corazón roto, él no pudo evitar sonreír al ver el hermoso tesoro escondido en el interior de su cuarto de baño. La magnificencia de la híbrida era tan resplandeciente que opacaba por completo su tristeza. El joven se acercó a la sirena, ella le sonrió. El muchacho de verdes iris tomó asiento sobre el piso de azulejo, recostando su espalda en la bañera, aproximó su rostro al del fantástico ser.

—Segundos antes de hallarte, mi vida caía en un abismo cada vez más profundo, nunca pensé que al intentar finalizar mi existencia, lanzándome desde el muelle, alcanzaría mi salvación —dijo el joven, acarició el rostro terso de la sirena—. No podía dejarte, debía traerte conmigo; ahora solo seremos tú y yo por la eternidad. Jamás una mujer volverá a burlarse de mi corazón, ya agradezco haber sido dejado atrás, no cambiaría este futuro por ningún otro.

Entre sus manos sostuvo el rostro de la bella mujer mitad pez. No concebía que sus ojos observasen un ser tan perfecto y hermoso. Ella procedió a entonar un desconocido canto de lengua irreconocible, el esplendor de su voz era tal, que perdía importancia la incomprensión de la letra. Sin duda era una jerga que los animales marinos bien entendían. La bella melodía embrujaba desde los oídos hasta la voluntad del joven. Le atraía de una manera inexplicable e irreverente, extasiaba cada uno de sus sentidos. Sin poder detenerse acercó su rostro al de ella hasta rozar sus labios, callándola con un beso frenético, fluidos orales intercambiaron. Una ardiente pasión hacia la inexplicable sirena se volvía cada día más grande, la deseaba, era la razón de su nueva existencia.

Y sin duda aquel ser también lo deseaba. El olor de su carne, su sangre, su composición, era un aperitivo, un espectacular banquete. El hombre era tan delicioso por lo que era permisiva con él, entre más cerca lo tenía, la posibilidad de transformarlo en parte de su dieta era mayor. Siempre había poseído una debilidad exclusiva por el sexo masculino, no podía evitarlo, eran tan fáciles de seducir y engañar, no necesitaba más carnada que su belleza.

Más cerca, más cerca, en cualquier momento succionaría su sangre, destajaría su carne. El único problema residía después de alimentarse con tal suculento platillo, ¿cómo salir de ahí? Eso era algo que más adelante resolvería, cuando finalmente aquel hombre con el alma perdida fuera suyo. Sus ojos dorados se tornaron rojos, en cualquier momento acertaría la primera mordida, el tan esperado primer bocado.

(La imagen no me pertenece)

Fin